Hace ocho años, en vísperas de nuestra boda en Toro, mi madre quiso hablar "seriamente" con su futuro yerno. Yo no estaba presente, pero siempre me he imaginado una escena digna del Padrino en plan "te daré un consejo que no podrás rechazar": Raine, ten muy presente que mi hija JAMÁS se irá a vivir a Finlandia. Es mejor que te hagas a la idea... Ocho años después, heme aquí...
Dejando al margen las dotes de predicción de mi madre, en el fondo yo siempre he sabido que acabaríamos viviendo aquí. Quizá por eso el aterrizaje en esta nueva vida está resultando tan fácil... Podría decir que llevo ocho años preparándome. A lo mejor también porque en los últimos meses he oído tanto consejo y advertencia que me esperaba algo mucho peor.
Cierto es que ya habíamos pasado largas temporadas en Helsinki, vacaciones de verano, Navidades... Pero este es nuestro primer otoño aquí.
Y precisamente el otoño es lo más temido para la mayoría de los finlandeses. No el frío, la nieve, el invierno... es la falta de luz lo que más les afecta. A mediados de Septiembre ya empiezan a lamentarse, a comprar vitaminas, a planear escapadas a lugares soleados... y a encender luces por todas partes.
Esta es una costumbre que me encanta. A medida que los días van perdiendo horas de luz (y a qué velocidad!) las velas, los candelabros, las guirnaldas de luz van apareciendo gradualmente en ventanas, escaparates, puertas... y poco a poco la ciudad se va transformando y preparando para una Navidad que cada año llega antes.
Yo, que me apunto a un bombardeo, me lo he comprado todo. A los niños les encanta. Cuando salen del cole a las tres ya está anocheciendo y lo primero que hacen al entrar en casa es pelearse por encender los faroles del balcón.
Será por la novedad, por las luces, por las vitaminas, por las ganas que estoy poniendo en todo o, qué narices, porque servidora tampoco es que venga del trópico precisamente... El caso es que el otoño finlandés no ha podido conmigo :)



Qué grande tu madre, Raquel... Me encanta la costumbre de las luces. Quizá por el frío y la falta de luz, porque se pasan más horas en casa, las casas del norte de Europa tienen un aspecto muy acogedor. Feliz otoño, familia Corleone.
ResponderEliminarGracias guapa ;)
ResponderEliminar:)
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